sábado, 24 de septiembre de 2011
EL PORTAFOLIO
EL PORTAFOLIO
DEFINICIÓN: el portafolio es una colección sistemática de múltiples materiales escritos, gráficos, etc., que evidencian el esfuerzo, el progreso, el proceso y los logros correspondientes a nuestra asignatura.
El estudiante elaborará su propio portafolio y lo decorará a su gusto.
ESTRUCTURA DEL PORTAFOLIO
1. Presentación con datos informativos (carátula)
2. Currículum Vitae
3. Proyecto de vida
4. Reflexiones, fotografías, documentos, investigaciones, videos, etc., sobre EL ORIGEN DEL HOMBRE ECUATORIANO Y LOS PERIODOS DE NUESTRA PREHISTORIA.
5. Reflexiones, fotografías, documentos, investigaciones, videos, etc., sobre CONFEDERACIONES PREINCAICAS DEL ECUADOR.
6. Reflexiones, fotografías, documentos, investigaciones, etc., videos, sobre PROBLEMAS ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS.
7. Reflexiones, fotografías, documentos, investigaciones, videos, etc., sobre EVOLUCIÓN DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO.
8. Reflexiones, fotografías, documentos, investigaciones, videos, etc., sobre PSICOLOGÍA EVOLUTIVA.
9. Reflexiones, fotografías, documentos, investigaciones, videos, etc., sobre EL CONOCIMIENTO.
10 Reflexiones, fotografías, documentos, investigaciones, videos, etc., sobre PROBLEMAS DE LA VIDA PSÍQUICA.
11 Reflexiones, fotografías, documentos, investigaciones, videos, etc., sobre EL PROBLEMA DEL SER ABSOLUTO.
12 TAREAS ( en estricto orden de numeración)
13 ANEXOS Y VARIOS
LA PAMPA DE GRANITO
LA PAMPA DE GRANITO
Por José Enrique Rodó
Ensayista uruguayo. Nació en Montevideo, en 1872, y murió
en Palermo, Italia, en 1917. Sus obras más conocidas son:
“Ariel”, “El mirador de Próspero”, “Motivos de Proteo”.
Era una inmensa pampa de granito; su color, gris; en su llaneza ni una arruga; triste y desierta, triste y fría; bajo un cielo de indiferencia, bajo un cielo de plomo. Y sobre la pampa estaba un viejo gigantesco, enjuto, lívido, sin barbas; estaba un gigantesco viejo de pie, erguido como un árbol desnudo. Y eran fríos los ojos de este hombre, como aquella pampa y aquel cielo; y su nariz tajante y dura como una segur; y sus labios no abultaban más que el filo de una espada. Y junto al viejo había tres niños ateridos, flacos, miserables; tres pobres niños que temblaban, junto al viejo imperioso, como el genio de aquella pampa de granito.
El viejo tenía en la palma de una mano una simiente menuda. En su otra mano, el índice extendido parecía oprimir en el vacío del aire como en cosa de bronce. Y he aquí que tomó por el flojo pescuezo a uno de los niños, y le mostró en la palma de la mano la simiente, y con voz comparada al silbo helado de una ráfaga, le dijo: “Abre un hueco para esta simiente”; y luego soltó el cuerpo trémulo del niño, que cayó sonando como un saco mediano de guijarros, sobre la pampa de granito.
-Padre, -sollozó él- ¿cómo lo podré abrir si este suelo es raso y duro?
-Muérdelo, -contestó con el silbo helado de la ráfaga- y levantó uno de sus pies, y lo puso sobre el `pescuezo lánguido del niño, y los dientes del triste sonaban rozando la corteza de la roca, como el cuchillo en la piedra de afilar; y así pasó mucho tiempo, tanto que el niño tenía abierta en la roca una cavidad no menor que el cóncavo de un cráneo; pero roía, roía siempre, con gemido de estertor; roía el pobre niño bajo la planta del viejo indiferente e inmutable, como la pampa de granito.
Cuando el hueco llegó a ser lo hondo que se precisaba, el viejo levantó la planta opresora; y quien hubiera estado allí hubiese visto entonces una cosa aun más triste, y es que el niño, sin haber dejado de serlo, tenía la cabeza blanca de canas; y apartóle el viejo con el pie, y levantó al segundo niño, que había mirado temblando todo aquello.
-Junta tierra para la simiente- le dijo.
-Padre, -preguntóle el cuitado- ¿en dónde hay tierra?
-La hay en el viento; recógela-repuso- Y con el pulgar y el índice abrió las mandíbulas miserables del niño; y le tuvo así contra la dirección del viento que soplaba, y en la lengua y en las fauces jadeantes se reunía el flotante polvo del viento, que luego el niño vomitaba, como limo precario, y pasó mucho tiempo, mucho tiempo, y ni impaciencia ni anhelo, ni piedad mostraba el viejo indiferente e inmutable sobre la pampa de granito.
Cuando la cavidad de piedra fue colmada, el viejo echó en ella la simiente, y arrojó al niño de sí, como se arroja una cáscara sin jugo, y no vio que el dolor había pintado la infantil cabeza de blanco, y luego levantó al último de los pequeños, y le dijo señalándole la simiente enterrada:
-Has de regar esa simiente. Y como él le preguntase, todo trémulo de angustia: “Padre ¿en dónde hay agua?” – Llora; la hay en tus ojos, contestó, y le torcía las manos débiles, y en los ojos del niño rompió entonces abundosa vena de llanto, y el polvo sediento lo bebía, y ese llanto duró mucho tiempo, mucho tiempo, porque para imprimir los lagrimales cansados estaba el viejo indiferente e inmutable, de pie sobre la pampa de granito.
Las lágrimas corrían en un arroyo quejumbroso, tocando el círculo de la tierra, y la simiente asomó sobre el haz de la tierra como un punto, y luego echó el tallo incipiente las primeras hojuelas, y mientras el niño lloraba, el árbol nuevo criaba ramas y hojas, y en todo esto pasó mucho tiempo, hasta que el árbol tuvo tronco robusto y copa anchurosa y follaje y flores que aromaron el aire y descolló en la soledad; descolló el árbol aún más alto que el viejo indiferente e inmutable, sobre la pampa de granito.
El viento hacía sonar las hojas del árbol, y las aves del cielo vinieron a anidar en su copa, y sus flores se cuajaron en frutos, y el viejo soltó entones al niño, que dejó de llorar, toda blanca la cabeza de canas, y los tres niños tendieron las manos ávidas a la fruta del árbol; pero el flaco gigante los tomó, como cachorros, del pescuezo, y arrancó una semilla, y fue a situarse con ellos en cercano punto de la roca, y levantando uno de sus pies, juntó los dientes del primer niño con el suelo; juntó de nuevo con el suelo los dientes del niño, que sonaron bajo la planta del viejo indiferente e inmutable, erguido, inmenso, silencioso, sobre la pampa de granito.
LA TÉCNICA DEL SUBRAYADO
LA TÉCNICA DEL SUBRAYADO
¿Qué es subrayar? Es destacar mediante un trazo (líneas, rayas u otras señales) las frases esenciales y palabras claves de un texto.
· Ayuda a fijar la atención
¿Qué debemos subrayar?
· La idea principal, que puede estar al principio, en medio o al final de un párrafo. Hay que buscar ideas.
· Palabras técnicas o específicas del tema que estamos estudiando y algún dato relevante que permita una mejor comprensión.
· Para comprobar que hemos subrayado correctamente podemos hacernos preguntas sobre el contenido y sí las respuestas están contenidas en las palabras subrayadas entonces, el subrayado estará bien hecho.
¿Cómo detectamos las ideas más importantes para subrayar?
· En torno a ellas son las que giran las ideas secundarias.
¿Cómo se debe subrayar?
· Mejor con lápiz que con bolígrafo. Sólo los libros propios
· Utilizar lápices de colores. Un color para destacar las ideas principales y otro distinto para las ideas secundarias.
· Sí utilizamos un lápiz de un único color podemos diferenciar el subrayado con distintos tipos de líneas.
¿Cuándo se debe subrayar?
· Nunca en la primera lectura, porque podríamos subrayar frases o palabras que no expresen el contenido del tema.
· Las personas que están muy entrenadas en lectura comprensiva deberán hacerlo en la segunda lectura.
· Las personas menos entrenadas en una tercera lectura.
· Cuando conocemos el significado de todas las palabras en sí mismas y en el contexto en que se encuentran expresadas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)